Mostrando entradas con la etiqueta Hemeroteca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hemeroteca. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de marzo de 2014

La última huída

La historia no ha hecho todavía justicia con los exiliados, aunque hay que destacar la tarea de muchas personas por recuperar su memoria.
Como muestra, este interesante reportaje que nos ofrece La Vanguardia.com sobre la huída de los 3.000 republicanos que embarcaron en el Stanbrook.

HISTORIA

La última huida

21/03/2014 - 12:40h



Helia González, de 79 años, sostiene la foto del Stanbrook, el barco donde huyó con su familia en marzo de 1939, mientras la República se derrumbaba. Daniel García-Sala

Salvador Enguix
SALVADOR ENGUIX | Sigue a este autor en Twitter
Valencia

Recuerdo una cubierta abarrotada, con el cielo oscuro sobre nuestras cabezas. Llovió esa noche, no demasiado, pero hacía frío. Papá me dijo que cuidara de mi hermanita”. Helia González tiene 79 años y una memoria formidable. Ella es uno de los pocos testimonios vivos de un episodio épico ocurrido en el último aliento de la Guerra Civil española. Una aventura única, temeraria, que condicionó para siempre la vida de aquellas personas que la protagonizaron. Que lograron huir, a la desesperada, en el buque carbonero 'Stanbrook', atracado en Alicante, de la amenaza de las tropas franquistas que sitiaban la ciudad, por tierra, mar y aire. Una historia en la que hubo héroes, como el capitán del barco, Archibald Dickson, que arriesgó la nave y su vida para salvar a casi 3.000 republicanos derrotados y amenazados. Y también con perdedores, porque llegados a Orán, Argelia, esas personas iniciarían un largo, duro y poco estudiado exilio que ahora, con diversas iniciativas, vuelve a recordarse.
Tiene razón Helia González, que era la pasajera 2.227: hacía frío. Era el 28 de marzo de 1939. Lo describe muy bien Rafa Torres en su obra 'Los náufragos del Stanbrook'. Alicante era un caos alimentado por el miedo. El “ejército nacional” ansiaba resolver con rapidez la conquista de uno de los últimos bastiones de territorio republicano y uno de los últimos puntos de huida. Artillería y aviación se empleaban a fondo. Se disparaba sin piedad, en tierra y en el mar. Buques franquistas (también italianos y alemanes), además, jugaban a cazar a cuanto barco grande o pequeño intentaba huir de Alicante.
“Llegamos al puerto en tren desde Elx; una vez allí, una cola larguísima nos separaba de un barco que me pareció enorme con un nombre extraño y mucha gente. Nosotros, como todos los demás, temíamos no poder alcanzar la pasarela que nos permitiría llegar a él”, recuerda Helia González. Su padre había fundado en Elx el partido de Jóvenes de Izquierda Republicana y era un líder sindicalista; su vida corría grave peligro. “Al fin llegamos al barco. Unos brazos vigorosos me levantaron. Vi una cara sonriente, una gorra de marino y me dio un beso en la mejilla. No dijo una sola palabra, pero ese abrazo, esa mirada, prometían algo bueno… era él, era Dickson y ya no había peligro”. Helia tenía cuatro años y tres meses.
Rafa Torres relata que en el puerto de Alicante “quedó cuanto habían sido, sus oficios, la esperanza, el conjunto de sus afectos, el hogar, y todo ya inservible y revuelto en los muelles donde los que no habían conseguido huir de la venganza franquista, el grueso de los atrapados en aquella ratonera, lo perdieron todo igualmente. Los del 'Stanbrook' viajaron hacinados a bordo de un viejo carbonero inglés, pero ya, y para siempre, en la condición de náufragos”.
A partir de ahí, no existe mejor relato de lo ocurrido en aquellos primeros momentos que el del capitán Dickson. En una carta al director del 'Sunday Dispatch' divulgada el 4 de abril de 1939 señala que entre los refugiados había un gran número de mujeres, chicas jóvenes y niños de todas las edades que incluso llevaban en brazos. “Debido al gran número de refugiados me encontraba en un dilema sobre mi propia postura, ya que mis instrucciones eran que no debía tomar refugiados a menos de que estuviesen realmente necesitados. No obstante, después de ver la condición en que se hallaban, decidí desde un punto de vista humanitario aceptarlos a bordo, ya que anticipaba que pronto desembarcarían en Orán”, escribió.
El testimonio es estremecedor: “Entre los refugiados había todo tipo de clases de gente, algunos aparentaban ser extremadamente pobres y parecían consumidos por el hambre y mal vestidos, con una variedad de atuendos que iban desde monos hasta viejas y desgastadas piezas de uniformes e incluso mantas y otros peculiares trozos de tela”. Su relato parece propio de un corresponsal de guerra: “Había también algunas personas, mujeres y hombres, con una buena apariencia y que asumí eran mujeres y parientes de funcionarios. Algunos de los refugiados parecían llevar consigo todas sus posesiones terrenales cargadas en maletas; bolsas de todas las descripciones, algunas atadas en grandes pañuelos y unos pocos con maletas”.
Al inicio, como describía el capitán, la gente comenzó a subir de manera ordenada. Llegaban no sólo desde diferentes puntos de la provincia de Alicante, sino desde Valencia o Madrid; algunos, superando o burlando ya las zonas consolidadas por el ejército rebelde. Pero, poco a poco, aquel 28 de marzo el pánico comenzó a cundir entre los refugiados, que corrieron a subir desesperados. “Viendo esta súbita avalancha de gente estuve casi inclinado a dejar caer la pasarela y alejar mi nave del muelle, pero dándome cuenta de que si hacía esto por lo menos 100 personas o más caerían al agua decidí, desde un punto de vista humanitario, dejarlos subir a todos a bordo”. Dickson ofrece en su relato una clara fotografía de lo que ocurría en el buque, pues señala que el número de refugiados embarcados hacía casi imposible que nadie pudiese moverse en la cubierta, ya que las escotillas de las bodegas se habían abierto para introducir el cargamento y los refugiados sólo podían estar a su alrededor en cubierta. “Era casi imposible dar una descripción adecuada de la escena que mi buque presentaba, y la semejanza más cercana que puedo dar es decir que parecía unos de esos vapores vacacionales del río Támesis en un día festivo, sólo que muchas veces peor”. Cinco minutos después de zarpar el 'Stanbrook', una bomba lanzada por un avión estallaba justo en el lugar donde había estado atracado este buque. 
Aquellas primeras horas fueron una pesadilla. El 'Stanbrook' se sirvió de la oscuridad de la noche para maniobrar con inteligencia y evitar los buques franquistas. “Llovió esa noche –recuerda Helia–. Mamá compartió con una familia malagueña, un matrimonio y un niño de mi edad una tortilla de un huevo y dos patatas con un poco de grasa”. Dickson, que hasta abrió su camarote a los más necesitados, escribía: “Pude suministrar a los refugiados más débiles un poco de café y un poco de comida. La gran mayoría tenía pan suficiente para que les alcanzase hasta Orán; la noche era clara pero fría, y pienso que el sufrimiento de estas personas de pie en la cubierta toda la noche debió de ser muy malo”.
Lo asombroso de esa carta de Dickson es que en ningún momento pareció inquietarle su destino o el de su tripulación si eran apresados por un barco franquista. Le costaba horrores, además, al capitán mantener la quilla equilibrada debido al gran número de personas a bordo y al peso. Los hombres se acodaban en la barandilla del barco mirando hacia todos los lados. Algunos dijeron que si les asaltaba un buque estaban dispuestos a pelear (algunos aún llevaban armas). Tuvieron suerte y no fue necesario. Y a pesar de las dificultades, el 'Stanbrook' alcanzó Orán, 20 horas después.
Argelia no les dejó bajar en un primer momento. Tuvo que ir a tierra el capitán y negociar un primer acuerdo para que, al menos, las mujeres y los niños pudieran desembarcar. Tras seis días, los hombres seguían a bordo del 'Stanbrook'. Eran unos 1.500 y según Dickson su apariencia era “patética, especialmente porque no han tenido oportunidad de lavarse ni de afeitarse. Algunos de ellos se han despojado de sus ropas”. Finalmente, bajaron todos.
A partir de ahí se iniciaba otra historia, otra vida. Un exilio que, como apunta Victoria Fernández, autora del libro 'El exilio de los marinos republicanos', está poco estudiado. “Hasta hace unos años era desconocido”, añade. Vale la pena ver el documental 'Desde el silencio, exilio republicano en el Norte de África', de Sonia Subirats y Aida Albert, para entenderlo. Porque lejos de la imagen casi idílica que ofrecía el exilio a México o del muy documentado exilio a Francia, se descubre, a través de testimonios, fotografías y archivos sacados ahora a la luz, que el del Norte de África fue un exilio de una extrema dureza.
Victoria Fernández recuerda que desde el 5 de marzo de 1939 miles de republicanos salieron desde España hacia África de una manera improvisada “y precaria”. Las cifras oscilan entre las 10.000 y las 12.000 personas. “Desde Almería, Alicante o Cartagena fueron llegando a las costas de Argelia en guardacostas, barcos, veleros o pequeñas embarcaciones de toda clase”, apunta.
Tras las dificultades para que les dieran permiso para desembarcar, los refugiados del 'Stanbrook', como los de otros barcos, fueron acogidos con mucho recelo en Argelia, también en Túnez. “Nos trasladaron a un lugar para ducharnos y desinfectarnos; no fue un buen recuerdo, era un lugar oscuro, húmedo y frío, y unos hombres negros nos vigilaban incluso a las jóvenes desnudas”. Helia sigue relatando aquellos momentos con la mirada de una niña. Victoria Fernández señala que tras la acogida en el Norte de África, los exiliados iban destinados a campos de concentración, como en Francia. Fue, además, una experiencia de larga duración, porque incluso tras el desembarco de los aliados en la Segunda Guerra Mundial “los españoles no fueron liberados de los campos de trabajo, donde eran tratados como mano de obra gratuita para construir el Transahariano hasta casi el final de la contienda; a nadie le interesaba, ni a los franceses y a los aliados, dejar libres a aquellos indeseables españoles”.
El documental de Subirats y Albert ha reunido numerosas imágenes de aquel cautiverio al aire libre, a temperaturas insoportables, en condiciones de vida infrahumanas y bajo la presión de unos guardianes feroces con los españoles. Muchos vivieron años en tiendas de campaña de tela, comiendo lo que podían, trabajando sin descanso. Hubo algunos que intentaron fugarse y lo pagaron con su vida. Un infierno.
Roberto Gil es hijo de uno de los tantos matrimonios que se exiliaron al Norte de África y confirma que su recuerdo más intenso de ese tiempo “era la esperanza que mantenían mis padres de regresar a una España libre y republicana”. Corrobora que los primeros años para sus padres fueron terribles: “Mi padre describía los campos de concentración, las evasiones y las detenciones; y también los tres años que vivieron mi madre y mi abuela y mis tíos en la prisión civil de Orán, donde fueron humillados”. Con los años, estos exiliados lograron encontrar un sentido a su existencia. Salieron de los campos, se integraron, encontraron oficios, se organizaron, funcionó la solidaridad del exilio, el activismo político fue intenso y, lo más importante, su vida comenzó a ser digna, porque, y principalmente, vivieron en una libertad que no podían encontrar en España. Una España a la que, además, no podían volver.
La familia de Helia González se ganaba la vida “fabricando jabón y vendiéndolo a escondidas, fabricando clavos, trabajando en las cocinas de los americanos hasta que finalmente instalamos una tienda de alpargatas, conocíamos el oficio porque muchos refugiados llegaban de Elx o Crevillent”. Victoria Fernández narra: “Se tuvieron que adaptar a trabajar donde pudieron, y cuando Túnez (1956) y Argelia (1962) se independizaron, la mayoría marcharon a Francia”. Y añade que, una vez fuera de los campos de concentración, “se diluyeron en la masa de españoles que ya vivían allí a raíz de otras migraciones”. Roberto Gil recuerda que su padre lo mandó a España en 1969 “para hacer de emisario”. “El retorno final de mi padre se produciría en 1977, tras un exilio de 38 años”, añade.
Recordar la aventura del 'Stanbrook' es también un buen ejercicio para comprender que la historia no ha hecho justicia con aquellos exiliados. Rafa Torres comenta que el mero hecho del exilio, de la expulsión masiva, “constituye una injusticia radical, para las víctimas directas, despojadas de su lugar en el mundo, y para la propia nación a la que se le amputan esos miembros”. Pero este escritor e investigador destaca la peculiaridad del exilio en el Norte de África: “Si los republicanos fugitivos tras la caída de Catalunya fueron maltratados en los campos de concentración de Francia, qué decir de los que arribaron a sus colonias del Norte de África”.
Helia González, protagonista de aquel viaje del 'Stanbrook', no guarda rencor. Pero reconoce la labor de muchas personas por recuperar la memoria de los exiliados y también agradece, pasadas ya muchas décadas, que a pesar de todo Argelia la acogiera, a ella y a su familia, y a todos los españoles que escaparon; que les dejara vivir alejados de un país que ya estaba sometido a la dictadura y que pudieran, al fin, tener una oportunidad. Y dice que muchas veces piensa en aquel capitán de porte alto llamado Archibald Dickson, que la levantó en brazos y la puso sobre cubierta cuando la metralla enemiga pisaba sus talones: “Fue capaz de salvarnos contra todo viento político y marea de la infamia de nuestro país”, concluye.

sábado, 23 de noviembre de 2013

TVE tiene sin emitir un filme de la conspiración contra la II República

El País, 17 de noviembre, 2013
'La Conspiración', que relata el golpe militar del general Mola, inauguró el 18 Festival de Cine Internacional de Ourense
En el golpe militar de 1936 que desencadenó la Guerra Civil, unos cardaron la lana pero otros se llevaron la fama. La Conspiración pone en su sitio al general Mola. Desde Pamplona dirigió una sigilosa conspiración maquinada contra la II República. La victoria y posterior dictadura fascista que ocupó el poder, puso a Franco en los altares y olvidó a Mola tras su muerte en un accidente aéreo supuestamente accidental. “Todo el mundo piensa que el artífice fue Franco, pero no hizo prácticamente nada. Es Mola el que tiene el copyright de un millón de muertos” asegura el director del filme. Pedro Olea ha querido reflejar esa trama en este thriller político que ayer abrió el Festival Internacional de Cine de Ourense. Pero TVE, que pagó gran parte del millón de euros que ha costado, no la emite “por motivos económicos”. Gestada durante el gobierno socialista, la película lleva año y medio esperando a que la actual dirección de la cadena pública impuesta por PP emita este filme histórico con guión de Elías Querejeta. “Insisto y nos dicen que les gusta pero que no la ponen por motivos económicos. Eso no se entiende porque Televisión Española fue el principal patrocinador económico de la película” explica Olea. “Como no se ponga en 2014 la armo” asegura. “Es parte de la nueva censura bajo la justificación del ahorro” insiste Manuel Morón, el actor protagonista en el papel del militar golpista.

La Conspiración también incomoda a la Iglesia Católica. Durante la maquinación del golpe fascista, Mola se reunió con dirigentes carlistas dentro de la Catedral de Pamplona. Cuando el equipo técnico pidió permiso para rodar esa escena en el interior del templo, además de un sonoro no se llevó de propina más trabas de los responsables eclesiásticos. "No solamente no nos dejaron rodar dentro de la catedral, sino que cubrieron la verja exterior que la rodea con posters y carteles para evitar que rodáramos una escena de Mola llegando al edificio en plena calle" explicó Olea. “¿Por qué queréis mezclar a la Iglesia en esto?” preguntaron los dirigentes de la diócesis pamplonesa según 

relatan los responsables del filme. “Es que la Iglesia se metió sola” responde el director.

martes, 1 de octubre de 2013

¿HASTA CUÁNDO?

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/09/30/madrid/1380567359_221433.html

En el Colegio Público Príncipe de Asturias, de Quijorna se vendieron y exaltaron símbolos fascistas en un mercadillo cuya inauguración fue presidida por la alcaldesa de dicha localidad.
Pedéis leerlo en el enlace de la parte superior de la página

viernes, 30 de marzo de 2012

EL TRIBUNAL SUPREMO Y LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO


El Supremo cierra la vía a la investigación de los crímenes del franquismo:

Se puede consultar en el siguiente enlace:

http://politica.elpais.com/politica/2012/03/29/actualidad/1333018481_450535.html

LA GUERRA CIVIL, A CORAZÓN ABIERTO

"El País", 30/3/2012:


Y Vicens Vives burló la censura

 

No tenía que pasar la censura oficial, ni tampoco la de sus colegas nacionales. Por eso, Jaume Vicens Vives (1910-1960) fue a por todas en unos textos inéditos cuyo hallazgo fue la gran aportación dejada por la conmemoración del centenario del nacimiento del historiador. Los reveladores documentos ven ahora la luz en el libro España contemporánea: 1814-1953 (Acantilado; Quaderns Crema, en catalán). Son 300 páginas al cuidado del historiador Miquel Marín Gelabert, de la Universidad de Zaragoza y descubridor de los textos. El encargo surgió durante un congreso internacional en Mantua en 1952. El material estaba pensado para integrar una ambiciosa obra de siete volúmenes (L’ Europe du XIXe et du XXe siècle). Vicens Vives, pese a ser medievalista, se ofreció para ello.
Más allá del indudable interés académico, el descubrimiento es una gran noticia para los amantes de la honestidad. Valgan como prueba las anotaciones hechas a corazón abierto por Vicens Vives sobre la Guerra Civil. Según el historiador, se llegó a ella por la alianza de intereses de la Iglesia y una derecha “incapaz de otra cosa que la pura y simple vuelta atrás”. Hubo represión en la retaguardia de ambos bandos, pero “con la importante salvedad” de que en el autoproclamado nacional “los jefes del pronunciamiento militar se entregaron a una represión sistemática”, mientras en la zona republicana el terror venía de “organizaciones que escapaban a todo control”.

El autor habla de represión en la retaguardia de ambos bandos

La particular y desprejuiciada mirada del historiador se aplica también a la construcción de la España franquista, que define como marcada por un estraperlo que había embrutecido el país. La autarquía, escribe, es inviable en una nación de “cuotas, controles y racionamientos” que comportan una economía "esclerótica", fruto de “una burguesía de estrechas miras egoístas y una administración codiciosa”. El “centralismo administrativo y espiritual, reforzado por el empuje del nacionalismo castellano” es total.

Cuando escribe esto, Vicens Vives cuenta con 42 años y una actividad frenética como catedrático de la Universidad de Barcelona, como editor de éxito de manuales escolares, director de diversos centros de estudios históricos e investigador de prestigio. Entre verano de 1953 y principios de invierno de 1954 deja el texto escrito en castellano para su posterior traducción al francés (nunca se ha hallado el original).

Consultó bibliografía clandestina
de autores exiliados, como Madariaga


Fe del interés en la empresa se puede hallar en una misiva dirigida a su amigo el filósofo Josep Ferrater Mora. En ella, le habla de este trabajo, que define “dedicado a la historia reciente, con notas a pie de página, numerosa bibliografía y absoluta sinceridad”. “Comprende de 1808 a 1952. Quizá interesaría a algún editor norteamericano. Si se quiere encargar de ello se lo agradecería…”. Al mismo destinatario le dice unos meses después: “Todo esto no son más que preludios de mi Historia Española Contemporánea, que espero que sea mi trabajo culminante”.
“Sinceridad”, “trabajo culminante”… Vicens Vives iba fuerte. Y lo demuestra también la bibliografía que utiliza, muy contemporánea y que probablemente tuvo que consultar fuera del territorio español o de forma casi clandestina. Son citas de obras de exiliados como Salvador de Madariaga o hispanistas como Pierre Vilar y Gabriel Jackson. Todo está al servicio de un centenar largo de folios, divididos en tres capítulos: uno inicial que ocuparía de 1815 a 1870, otro hasta 1914 y un tercero hasta septiembre de 1953.
Diversos avatares retrasaron la obra e hicieron que Vicens Vives no pudiera corregir pruebas del primer capítulo hasta 1957. El volumen se publicaría en 1959, pero no se distribuiría hasta 1960. El segundo aparecería en 1962 y el último, en 1964. Vicens Vives nunca vio los dos últimos. Tampoco todo el mundo pudo leerlo. Se sabía de la existencia de los textos dedicados hasta 1917 pero no de los cerca de 60 folios que conformaban la interpretación de la Guerra Civil y la creación y desarrollo del estado franquista hasta el momento del escrito. Esta parte es la que Martí Gelabert hizo aflorar cuando el centenario del historiador hace dos años.
Vicens Vives disfrutó y rentabilizó apenas parcialmente lo que escribió. Solo entre finales de 1957 y 1959 utilizó el contenido de los dos primeros capítulos en el último volumen de su Historia Social y Económica de España y América. Poca cosa pudo aprovechar del tercero. En total fueron más de 200 modificaciones, así como la supresión de todo el análisis de los antecedentes de la Guerra Civil y buena parte de la bibliografía más incómoda. Lógico: en el trabajo original, una de las aportaciones más significativas está en los seis dilemas en los que resume los retos del régimen: Dirigismo o libertad económica, Socialismo de Estado o justicia social, Autoridad o libertad, Unitarismo o regionalismo, Ortodoxia o disidencia e Incorporación o división intelectual. El último llamaba a superar “los divorcios desde 1808 entre tradición y progreso, unidad y diversidad, ortodoxia y disidencia”.
El proyecto truncado podía considerarse la primera historia oficial de Europa al ser auspiciada y patrocinada incluso por el Conseil de l'Europe, como apunta Martí Gelabert en el prólogo.

sábado, 23 de abril de 2011

UNA JORNADA HISTÓRICA

1931: El advenimiento de la II República fue recibido en la ciudad de Cartagena en medio de un ambiente festivo.
Así lo describió, el día 16 de abril, el periódico “La Tierra”:

Día de fiesta
El día de ayer, declarado por el Gobierno provisional día de fiesta fue un verdadero día de fiesta. Cerrados los comercios; con las músicas de bandas y cornetas por las calles; esparcida por ellas la muchedumbre todavía entusiasmada y vibrando las aclamaciones y vivas  en el ambiente tibio de un día magnífico; el día de ayer fue un verdadero día de fiesta. La calle Mayor estuvo animadísima a todas horas; los cafés llenos de gente y el himno de Riego y la Marsellesa sonando de cuando en cuando, entre la gente puesta en pie y descubierta.
Por todas partes se comenta el viaje y la salida del exmonarca, contándose detalles y fantasías en conversaciones interesantes.

Ayer tarde fue paseado por las calles un cuadro que representaba la República. Aplausos incesantes, vivas y aclamaciones acompañaron la manifestación por todas partes.


El cuadro de la República
La ascensión de la República, pero no de la que subió ya, sino de la del cuadro que ha sido paseado en triunfo.
El cuadro ha sido elevado al salón de sesiones, en donde quedará definitivamente instalado.


La reunión de ayer de las clases  subalternas de la Armada
Ayer tarde a las siete se reunieron en la Sociedad Económica de Amigos del País, todas las clases subalternas de la Armada, reinando un gran entusiasmo, dentro del mayor orden.
Entre otros asuntos acordaron telegrafiar su adhesión más respetuosa al Gobierno de la República, pidiendo también la dignificación de la clase como base principal de la Marina Española. Acordaron a la vez contribuir con dos pesetas cada uno para erigir un monumento nacional a la memoria de Galán y García Hernández


viernes, 15 de abril de 2011

La salida de Alfonso XIII

Así narró la prensa local la salida de España de Alfonso XIII, desde el puerto de Cartagena (Tomado de "El Eco de Cartagena" el 15 de abril de 1939)

A las doce de la noche del catorce de abril se había llevado a cabo la transmisión de poderes, haciéndose cargo el Comité Revolucionario del Ayuntamiento, en nombre del Gobierno Provisional de la República Española.
Se había corrido la voz de que el Rey venía al Arsenal. La noche del catorce al quince, junto a los periodistas, deambulaban junto a las tapias muchos grupos de curiosos, esperando su llegada. Oficiales, jefes y generales fueron entrando al recinto. Los marineros, vestidos con el uniforme de faena, salieron para hacer que el público se alineara dejando libre una calle de entrada para los coches de la caravana que acompañaba al monarca destronado.
Una vez en el Arsenal, antes de subir al barco, el ex-soberano permaneció un rato despidiéndose de las autoridades y preguntó si se había decretado el estado de guerra, a lo que se le respondió negativamente. En medio de la serenidad de la despedida, en que todos estrecharon su mano en silencio, un sargento de la Guardia Civil no pudo reprimirse y gritó con fervor un ¡Viva el Rey!, al que respondieron algunos de los presentes. Entonces don Alfonso levantó el brazo gritando ¡Viva España! siendo su grito coreado con entusiasmo. Embarcó acompañado del almirante Rivera y el grupo de militares que le acompañaba se fue disolviendo lentamente. A las cinco y cuarto de la mañana, el rey sin trono se alejó de Cartagena embarcado en el crucero “Príncipe Alfonso”.