Mostrando entradas con la etiqueta ENRIQUE MARTÍNEZ GODÍNEZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ENRIQUE MARTÍNEZ GODÍNEZ. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de enero de 2012

EL HIJO DEL HERRERO

Próxima presentación del libro "EL HIJO DEL HERRERO"

Presentadores: Pedro Mª Egea Bruno y Francisco Henares Díaz

Viernes, día 20 de Enero, a las 7 de la tarde
Salón de Grados de la Facultad de Ciencias de la Empresa de la Universidad Politécnica de Cartagena
(Edificio antiguo CIM, C/ Real, Cartagena)


Autora: Pepa Martínez
Edita: Asociación Memoria Histórica de Cartagena

Los sucesos ocurridos a bordo del Destructor “Lepanto” durante los primeros días posteriores a la insurrección del 18 de julio de 1936 son muy poco conocidos. El hecho de que su comandante, Don Valentín Fuentes, manifestara desde el primer momento su fidelidad a la República hace suponer a algunos investigadores e investigadoras de los hechos de la guerra civil, que no existió conflicto a bordo entre la marinería y la oficialidad;  muchas personas ignoran la detención y fusilamiento de los oficiales en Málaga, y pasan por alto, por tanto, la represión que tuvo lugar sobre los miembros de la dotación del buque por parte de los tribunales franquistas.
Siete meses después de la victoria del bando rebelde, los distintos sumarios abiertos contra 31 tripulantes del barco, se traducen en el resultado de la condena de tres de ellos a separación del servicio, a distintas penas de prisión a otros doce, a siete ejecuciones y a una muerte a consecuencia de las torturas sufridas durante un interrogatorio.
Tras morir a manos de sus torturadores en el interrogatorio sufrido en las dependencias del S. I. P., el cuerpo de Enrique Martínez Godínez es arrojado al mar. Su cadáver aparece a los tres días, pero su muerte siguió siendo negada durante mucho tiempo por sus verdugos. Siete décadas después, su nieta investiga acerca de las circunstancias de su asesinato. A lo largo de la investigación, las diferentes pistas que sigue le van ayudando a reconstruir la verdad de los hechos de aquellos trágicos días.
En “El hijo del herrero”, lo que podía haber sido el relato de la represión, únicamente sobre el practicante del “Lepanto”, se convierte en una historia mucho más amplia: la de aquellos tripulantes de ese barco que permanecieron fieles al gobierno legítimo de la República y la represión que esta postura les acarreó.  Pero no queda en esto la narración, ya que para una mayor comprensión de las motivaciones de estos hechos, es preciso hurgar en sus precedentes y sus consecuencias. De este modo, nos encontramos en este libro con un acercamiento a la historia de la vida cotidiana de Cartagena que abarca desde la etapa pre-republicana hasta los umbrales de la década de los sesenta, utilizando como hilo conductor la historia de Enrique Martínez Godínez y su familia, una familia cartagenera, víctima de los efectos de la represión franquista en la ciudad..

miércoles, 4 de mayo de 2011

CARTAS DESDE PRISIÓN

Las cartas de Enrique Martínez llegaron a su familia gracias al peluquero del penal, que las pasaba camufladas en el interior del maletín en que portaba su instrumental.
A continuación, la transcripción de la segunda carta, escrita pocos días después de la primera:

Querido hijo: Me encuentro bien y hoy al recibir tu carta por mano del maestro peluquero, me das una inyección de optimismo muy grande en esto que me dices.
Desde luego, procura hablar con Don José Brotons por medio de su meritorio compañero mío Don Miguel Gutiérrez. Para esto puedes ir a la Muralla del mar (me parece que es el nº 7) pregunta o di que vas a Sanidad a ver a Don José Brotons y de esta forma lo verás y entonces le explicas la papeleta.
Sobre lo de Don Leandro, dile de mi parte que no lo deje de la mano y que me extraña mucho, no le hayan citado, pues di su nombre lo mismo que el del fogonero Madrid, dile que haga ese certificado y vea el modo de que llegue a manos del Sr. Juez que es, Don José María Mena.
Pedro Cerezuela y yo, estamos juntos, dormimos uno al lado de otro, así es que estamos al corriente de todo.
Sin más por hoy un abrazo de tu padre que te quiere
Enrique
Todavía no nombré a defensor por tener que elevarse a plenario mi causa y tan pronto lo hagan, me lo comunicará el Juez. Por esto, quiero que veas y hables a Dn José Brotons por si él quisiera serlo en caso de nombrarlo yo. En caso contrario, he pensado en un alférez de Infª de Marina, que se llama Don Joaquín Montaner Delgado que dicen que es bueno. Yo no lo conozco.

domingo, 20 de febrero de 2011

PEDRO CEREZUELA NAVARRO Y ENRIQUE MARTÍNEZ GODÍNEZ

PEDRO CEREZUELA NAVARRO
Magdalena vivía en Barrio de Peral, en el número dos de la Calle de Santa Teresa. No podía imaginar, en los primeros tiempos de su noviazgo con Florencio, ese chico de Los Dolores, que su familia pudiera tener ninguna lejana relación con sus vecinos. Pero conforme fueron tomando confianza, con el paso del tiempo, él le contó que su padre, Pedro Cerezuela Navarro, había sido fusilado después de la guerra. Nada tenía esto de extraño; en una ciudad como Cartagena, en la que más de un sesenta y cinco por ciento de la población había sido víctima de una cruel represión, era normal la cotidiana relación con hijos, hermanos, nietos o sobrinos de personas que habían sido fusiladas o se encontraban en prisión.


Lo que sí podía considerarse una casualidad era que su novio le comentara que su padre había sido detenido junto con alguien de su barrio, un practicante llamado Enrique Martínez Ros. - “¡Claro! ¡El de la Homeopatía!” – exclamó su madre cuando se lo comentó.
El practicante había vivido, y lo seguía haciendo su familia, en el número ocho de su misma calle, y todos los vecinos conocían perfectamente los sucesos relacionados con su muerte.  No llegó a ser condenado a muerte, como lo fue el que, de haber vivido, se habría convertido en su suegro. Enrique Martínez había muerto a consecuencia de los golpes recibidos en un interrogatorio al que fue sometido por el S.I.P. Su cadáver fue arrojado al mar para aparecer tres días más tarde en la costa de Mazarrón.
Ese relato lo había oído muchas veces en su infancia. Recuerda perfectamente cuando apareció la esquela en el periódico y su madre dijo: “¡Qué valor ha tenido doña Pepa! ¡Qué valor!”. Se refería a que la viuda mandó publicar una esquela en la que, debajo del nombre, hizo figurar “cuyo cadáver fue hallado el día 28 de Mayo del corriente asesinado en la playa de Mazarrón” y realmente era necesario tener mucho valor para hacer constar ese texto en una esquela en el año 1939.
Nadie supo en el barrio por qué lo asesinaron. Tampoco su novio sabía por qué su padre había sido fusilado.

Su suegra le habló de la gran amistad existente entre su marido y el practicante, a pesar de la diferencia de edad existente entre ellos. Florencio, el padre de Pedro Cerezuela, maestro del ramo de Artillería retirado, había sido una persona muy estimada durante el tiempo en que estuvo trabajando en el Arsenal, época en la que Enrique Martínez lo conoció, y de cuya laboriosidad y sentido de la responsabilidad guardaba muy buen recuerdo. Al coincidir en el mismo buque con el hijo, y reconocer en él los mismos rasgos de formalidad, responsabilidad y eficiencia que en su padre, se sintió inmediatamente movido por un gran afecto hacia él. Por eso, durante todo el tiempo que navegaron en el Lepanto, siempre que se encontraban libres de servicio, marchaban juntos a todas partes.

Isidora, que así se llamaba su suegra, le dijo que en una de las visitas a su marido cuando se hallaba en prisión, éste le contó que al principio de la guerra, en un atraque del buque, bajaron los dos a tierra con la intención de comprar juguetes, él, para Florencio, su único hijo, el practicante, para sus dos pequeñas, Pepita y Carmelina. Esa tarde se cruzaron con un vehículo en el que llevaban a unos prisioneros y los que lo conducían los invitaron a ir con ellos. Se imaginaron que esos hombres iban con destino al paredón y se negaron a subir. Según le dijo su marido, alguien había dicho que sí los acompañaron, pero no era cierto. Pedro fue fusilado el 14 de febrero de 1940.

Ahora, tantos años después, la familia conoce algunos detalles de lo ocurrido.
Ahora han podido, por fin, leer el resumen de la sentencia y conocer que fue declarado culpable de haber presenciado el fusilamiento de los oficiales del Lepanto.
Ahora han podido, por fin, leer la denuncia que contra él presentó Pedro Tárraga, el barbero del barco.
Ahora han podido, al fin, saber que según los informes del S.I.P. era considerado como persona de derechas y que, siendo hombre reservado y poco comunicativo, nunca hizo ninguna manifestación en ningún sentido.
Lo que no saben es por qué fue declarado culpable de haber presenciado unos hechos en los que nunca estuvo presente.
Tampoco saben por qué fue acusado de ello, qué motivo pudo inducir a nadie a declarar que se encontraba en un lugar en el que nunca estuvo.

Pedro Cerezuela fue sacado un día de su celda para ser llevado a declarar. Volvió con múltiples heridas, abatido, humillado… “¿Qué ha pasado?” – le preguntó Enrique Martínez – “Que he tenido que firmar lo que me han dicho, porque si no… me mataban” – respondió – “Pues a mí me tendrán que matar” – Dijo Enrique Martínez – “Me tendrán que matar antes que firmar esa infamia”.
Enrique Martínez Godínez murió el 25 de mayo de 1939, víctima de una paliza, por negarse a firmar una declaración falsa.
Pedro Cerezuela Navarro escapó a la muerte en el interrogatorio, pero lo hizo ante el pelotón de fusilamiento el 14 de febrero de 1940, declarado culpable de ser testigo de unos hechos que no presenció.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

domingo, 19 de diciembre de 2010

ENRIQUE MARTÍNEZ GODÍNEZ

ENRIQUE MARTÍNEZ GODÍNEZ
El 28 de junio de 1890 nació en Cartagena Enrique Martínez Godínez, hijo de Antonio Martínez Torres, conocido popularmente como “Antonio el Herrero”, hombre de gran cultura que simultaneaba el trabajo en la fragua con la práctica de la Homeopatía; fue, probablemente, el primer homeópata de Cartagena.
Enrique realizó los estudios de Practicante, con idea de continuar con la tradición como homeópata de su padre, como así hizo, aunque más adelante ingresó en el cuerpo de Auxiliares de Sanidad de la Marina.
Fue el 1 de abril de 1915 la fecha en que Enrique Martínez Godínez comenzó a prestar sus servicios como Aspirante a Practicante de la Armada en el Hospital de Marina de Cartagena.
Veinticuatro años después falleció a consecuencia de las torturas sufridas durante un interrogatorio en las dependencias del S. I. P., el día 25 de mayo de 1939.
Sus verdugos podrían haber dado a su muerte la misma explicación que se solía dar en otros casos similares, decir que se había debido a un suicidio, pero en lugar de ello, arrojaron al mar su cadáver, que apareció tres días más tarde en la playa del Alamillo, de Mazarrón.
¿Por qué intentaron ocultar el asesinato de esta manera tan burda? ¿Por qué falsificaron la documentación de su expediente de prisión, haciendo figurar que había sido puesto en libertad? ¿Por qué negaron su muerte durante mucho tiempo después de ocurrida?
La lectura del texto precedente podría conducirnos a suposiciones que nada tienen que ver con la realidad… creer que se trataba de algún importante dirigente político o sindical, pensar que se había destacado en sucesos de guerra, en hechos delictivos, en algún tipo de conspiración… Nada más lejos de la realidad.
El estudio de su expediente profesional no arroja ninguna luz sobre el tema: Ascendido a Segundo Practicante el 13 de noviembre de 1919, continuó prestando sus servicios en el Hospital de Marina hasta que embarcó en el Cañonero “Álvaro de Bazán” el 15 de febrero de 1921, permaneciendo a bordo hasta el 20 de febrero de 1923, en que regresó a su destino del Hospital de Marina de Cartagena.  Se encontraba entonces en posesión de la Medalla Militar de Marruecos con pasador de Tetuán. (R.O. de 10 D.O. nº 37) que le había sido concedida el 20 de febrero de 1923.
Como Segundo Practicante prestó servicios, sucesivamente, en la Enfermería del Arsenal, en la Fábrica Nacional de Torpedos y, finalmente, en el Cañonero Cánovas del Castillo, donde se encontraba, el 4 de abril de 1931, cuando fue ascendido a Primer Practicante.
Las elecciones que dieron lugar a la llegada de la República tuvieron lugar cuando todavía se encontraba en el Cánovas, esperando el momento de ser autorizado a trasladarse a Cartagena para tomar posesión de su destino, de nuevo en el Hospital Militar de Marina, lo que no ocurrió hasta el día 30 de abril.
Durante los años de la República, Enrique Martínez Godínez simultaneó su destino en el Hospital de Marina con el ejercicio de la Homeopatía. No se afilió a ningún partido político, a ningún sindicato; no perteneció a ninguna logia masónica. Era, eso sí, un republicano convencido, que había recibido con enorme alegría el advenimiento del nuevo régimen, por el progreso que suponía iba a significar para el país, pero jamás se destacó en el ambiente político.
Quizás el motivo de su detención, de su muerte, del secretismo sobre las circunstancias de ésta, habría que buscarlo en el destino que ocupara cuando estalló la rebelión del 18 de julio: Enrique Martínez había sido destinado, el 6 de junio de 1935, al Destructor “Lepanto” y a bordo de él se encontraba el día de la sublevación, a bordo del único buque cuyo comandante se mantuvo fiel a la República.
Por eso, en mi investigación, sobre las circunstancias de su muerte, he dado una gran importancia a los hechos ocurridos a bordo del Lepanto durante los primeros meses de la guerra, y éste va a ser uno de los apartados que a partir de ahora aparecerán en este blog: la investigación de las cinco causas judiciales que las autoridades franquistas abrieron en averiguación de los sucesos ocurridos en dicho buque.
En las próximas semanas podréis ir leyendo, en diferentes entregas, la relación de los hechos en boca de los  testigos y encartados en estas cinco causas. Es mi propósito, a través de estos relatos, contribuir a llevar a cabo el deseo que mi abuelo expresó en una de las cartas que envió a su familia desde la prisión: “Que se abra paso a la verdad”