lunes, 28 de enero de 2013

NORMAN BETHUNE, EL ALMIRANTE BASTARRECHE Y LA MASACRE DE LA CARRETERA MÁLAGA - ALMERÍA


El nombre del Almirante Bastarreche es ostentado por  una de las plazas de Cartagena, presidida por su busto, plaza que hoy ocupa el espacio de lo que en su día se denominó Puertas de San José. 
A los requerimientos de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, para que tanto la placa con su nombre, como el busto, sean retirados de esta plaza, el Ayuntamiento de la ciudad responde que se trata de un benefactor de la ciudad, que trajo hasta ella las aguas del Taibilla.

Pero, aparte de que el proyecto de traída de las aguas se debiera al gobierno de la II República, quiero resaltar cuál fue el mayor mérito de este fascista a quien incomprensiblemente nuestra corporación municipal quiere continuar honrando: 

El Almirante Bastarreche,1º por la izquierda,
junto a altos cargos del ejército nazi
Francisco Bastarreche comandó los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera en el ataque a la población civil en el crimen de la carretera de Málaga a Almería, secundado por tropas nazis y fascistas italianas.
15.000 ancianos, mujeres y niños cayeron bajo los cañones de Bastarreche.

 Quisiera hoy, en los umbrales del mes de febrero, muy próxima la fecha del aniversario de esta matanza, documentar esta afirmación con un fragmento del relato al respecto realizado por Norman Bethune acerca de lo acaecido el 7 de febrero de 1937:

Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos.
Imaginaros ciento treinta mil hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio, temerosos del ejército nacionalista del general Queipo de Llano. No hay más que un camino. No hay más vía de escape. La ciudad que buscan es Almería, y hay que andar hasta allí más de doscientos kilómetros… huyendo entre declives de más de treinta metros. Un camino encajonado entre los altos picos de la Sierra Nevada y el mar…hay que andar cuarenta o cincuenta kilómetros al día, una caminata de cinco días con sus noches… Y no encontrarán alimento en los poblados por donde pasan ni medios de transporte. Tienen que caminar, caminar, mujeres, ancianos y niños… tambaleándose, tropezando, abriéndose los pies en los pedernales polvorientos, mientras que los fascistas los bombardean sin piedad desde los aviones y los cañonean desde el mar.
“Es una inmensa hilera humana que se estira de Málaga a Almería… aunque menos conocido que otros fue el hecho más criminal de la guerra civil: más que las matanzas de Badajoz, más que el bombardeo de Guernica…
Norman Bethune
   
Norman Bethune
en su foto de graduación

Pero, ¿quién fue nuestro narrador? ¿quién fue Norman Bethune?
Henry Norman Bethune, natural de Gravenhurts (Ontario, Canadá) fue un doctor, un innovador médico del que actualmente sabemos que desarrolló el primer servicio móvil de transfusiones de sangre, en España, en 1936.
Matriculado en la Universidad de Toronto, en 1909, interrumpió sus estudios de Biología durante un año para dedicarse a impartir clases como voluntario en los campamentos de trabajadores inmigrantes.
Norman Bethune
en el campamento para inmigrantes

Retomó su formación, matriculándose en Medicina, para volver a abandonar al estallar la Primera Guerra Mundial, apuntándose voluntariamente como camillero.
Tras ser herido en Bélgica, volvió a su país y continuó los estudios, obteniendo el título de médico en 1916, para alistarse en la Royal Navy, como cirujano con el título de teniente, ejerciendo en el hospital Cathan (Sur de Londres)
Al llegar la paz se convierte en su país en un auténtico pionero en cirugía torácica con un gran prestigio en Canadá, pero cada vez se sentía menos motivado por los tratamientos quirúrgicos y más preocupado por el aspecto socioeconómico de la enfermedad, proponiendo al gobierno canadiense la creación de una red de asistencia sanitaria gratuita para los más desfavorecidos, red en la que tuvieran derecho todas las clases sociales a medicinas y tratamientos.
Consecuente con sus convicciones, fundó una clínica bajo esas condiciones, así como una escuela para que los hijos de los trabajadores pudieran recibir instrucción.

Al estallar, en 1936, la guerra civil española, la Comisión de Ayuda a la Democracia Española le invitó a encabezar la Unidad Médica de Canadá en Madrid, hacia donde partió en noviembre de ese año.
Norman Bethune en la Sierra de Guadarrama
Ante las frecuentes muertes por pérdida de sangre entre combatientes cuyas heridas no parecían graves, Bethune desarrolló las unidades médicas móviles para llevar a la práctica su idea de las transfusiones de sangre in situ, organizando un servicio para recoger la sangre de los donantes y trasladarla al campo de batalla.
Norman Bethune y el equipo de la Unidad de Transfusiones

En febrero de 1937, ante las noticias de lo que estaba ocurriendo, se trasladó a Almería para socorrer a los refugiados huidos de Málaga, población civil que huía de la represión fascista, siendo testigo de uno de los episodios más brutales de la guerra civil española.
El masivo asesinato de la población civil que huía desde Málaga hacia Almería es mucho menos conocido que los hechos de Badajoz o de Gernika, pero mucho más cruento, más aterrador...
Ese domingo, 7 de febrero, todo un pueblo en fuga escapaba de la ciudad de Málaga que estaba siendo ocupada por las legiones de italianos y alemanes y por los moros del tercio.
Al comprobar Bethune la dimensión de la tragedia, decidió desmontar los utensilios médicos de la ambulancia y utilizarla para transportar a los niños y los ancianos, tarea que durante tres días, sin descansar ni siquiera por la noche, realizó en compañía de sus ayudantes Hazen Size y Allan May.
Norman Bethune
junto a la unidad de transfusiones

Unas población mayoritaria de civiles desarmados huye despavorida de las columnas italianas, mientras que, sin piedad, es atacada desde el aire por la aviación alemana y desde el mar por los buques franquistas, comandados por el asesino Bastarreche.


El Almirante Cervera, uno de los buques
que bombardeó a la población civil

Los recuerdos de los horrores que presenció le persiguieron hasta el final de sus días.
"España es una herida en mi corazón - decía - Una herida que nunca cicatrizará. El dolor permanecerá siempre conmigo, recordándome siempre las cosas que he visto".
En su diario escribió todo lo que vio durante esos días. Narra lo que fue esa evacuación en masa, y lo cuenta todo después de esos tres interminables días con sus noches. Al día y la noche siguientes comenzó a relatarlo todo bajo una especie de ataque de furia. Cuando terminó, se asomó a la ventana con el cristal roto del hospital de niños, mirando la ciudad de Almería, aún humeante bajo la luz del amanecer.
Podéis, a continuación, leer el relato completo al que pertenece el fragmento citado más arriba, el relato que hizo Norman Bethune tras las más de setenta y dos horas de duración del holocausto que pudo presenciar:
Huída hacia Almería


“Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros  tiempos. Habíamos llegado a Almería el miércoles 10, a las cinco de la mañana. Traíamos de Barcelona un camión con  sangre preparada para transfusiones con destino a los heridos de Málaga. En Almería supimos la noticia de la caída de Málaga y nos aconsejaron que siguiésemos nuestro camino, porque se tenía por seguro que Motril había caído también.  Entonces resolvimos  ir a ver en qué condiciones se estaba llevando a cabo la evacuación de heridos. Salimos por el camino de Málaga, a eso de las seis de la tarde, y a unos cuantos kilómetros nos encontramos con los que encabezaban la desventurada procesión. Venían primero los más fuertes, los que habrían podido transportar sus cosas en burros, mulas y caballos. Luego, el espectáculo se hacía más lastimoso. Miles de niños (contamos cinco mil menores de diez años), y por lo menos mil de entre ellos descalzos y cubiertos apenas con  harapos. Las madres los llevaban echados al hombro o tiraban de ellos por la mano. Pasó un hombre con sus dos pequeños a la espalda, niños de uno y dos años, y cargando además con cacerolas y trastos, y recuerdos queridos de su hogar… Había mujeres que no podían dar un paso más: la sangre de las úlceras de sus piernas hinchadas teñía de rojo sus alpargatas blancas. Muchos viejos abandonaban toda esperanza y, tumbados en la cuneta del camino, esperaban la muerte.

Nuestro coche se abría paso a duras penas… Los refugiados pasaban al lado del camión, como si no lo vieran. Seguían caminando cansinamente, con los ojos entornados hacia el suelo como síntoma inconsciente de extenuación… Las  mujeres avanzaban lentas con sus vestidos oscuros… Tenían la cara y los ojos congestionados por el polvo y el sol de cuatro días, y levantaban hacia nosotros, en sus brazos cansados, los cuerpecitos de sus hijos…  Los niños llevaban solamente su pantalón y las niñas su vestido ancho, medio desnudos todos bajo el sol… Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados: niños sin  zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio… cuatro días perseguidos por los aviones de los bárbaros fascistas, y cuatro noches de caminar  en grupo compacto hombres, mujeres, niños, mulas, burros y  cabras, tratando de mantenerse juntas las familias, llamándose por el nombre propio, buscándose en las sombras.
Huída hacia Almería

Al principio eran grupos dispersos… Después aparecían a intervalos más frecuentes, y por último una hilera continua, unos pisando los talones a los otros… Parecían haber nacido del suelo… Una fila interminable a lo largo del camino con el sol encima y el mar debajo. Entre el murmullo del mar y el eco de los montes el único ruido era el de las sandalias de esparto arrastradas sobre las piedras, el silbido de la respiración cansina y el lamento que salía de los labios agrietados. Eran de todas las edades, pero sus caras estaban dibujadas con los mismos rasgos de agotamiento.
Una mujer sujetando su vientre, sus ojos abiertos, aterrorizados. 
Pasaban al lado de nuestro camión sin expresión... Sise detuvo el camión. Yo salí y me paré en medio de la carretera… No tenían fuerzas para seguir, pero temían detenerse. Decían que los fascistas venían detrás de ellos. ¿Málaga? Sí, Málaga había caído…  
Volví al camión… Yo pensaba en Málaga. En algún lugar habría nuevas defensas… Al final del camino habría lucha, heridos moribundos que necesitarían la sangre que habíamos traído desde Madrid.
Aceleramos la marcha. La carretera se inclinaba y la línea de refugiados se hacía más ancha. Llegamos a una curva en dirección al interior, una pequeña subida,  y de repente una bajada hacia una llanura. Sise sorprendido, pisó el freno bruscamente… Una muchedumbre de personas y animales ocupaba todo el ancho de la carretera…. La llanura se extendía tan lejos como la vista podía alcanzar, y por ella serpenteaba una hilera de treinta kilómetros de seres humanos, como un gusano gigantesco con innumerables pies que levantaba una nube de polvo que se extendía hasta más allá del horizonte a lo largo de la árida llanura y se elevaba hasta las montañas… La carretera  ya no se veía en ningún sitio. Estaba desbordada por los refugiados. Comenzamos a descender lentamente. Sise tocaba la bocina sin parar… Ellos no prestaban atención… Simplemente fluían a los lados del coche con la vista baja golpeándose contra los costados y después ocupando de nuevo todo el ancho de la carretera… Una rápida mirada a lo largo del camino le producía a uno un fuerte escalofrío: kilómetros de gente, y en medio miles de niños.
Ancianos y niños subiendo a la ambulancia

…¡Venían de Málaga, andando  durante cinco días y cinco noches…! 
Después la masa de gente caminante cambió casi imperceptiblemente, como un manantial que de pronto se torna lodo. Juré en voz baja: ¡Militares! Al principio unos pocos, pero un kilómetro más allá venían a cientos. A miles. Sus uniformes estaban rotos; sus armas inservibles; las caras, con barbas de días; los ojos, hundidos por la derrota… Eran refugiados como el resto, en silencio, tristes, huyendo… Teníamos que maniobrar entre los carros rotos y los camiones abandonados. Los burros moribundos habían sido arrojados a las playas, donde la  gente yacía también, con  la lengua inflamada en sus bocas secas… Paramos un momento… y fuimos engullidos por una multitud de súplicas, de manos intentando alcanzar el camión, gente pidiendo agua y transporte.
Les dimos nuestras cantimploras y seguimos avanzando… Pronto se  hizo  la  noche.  A  nuestro  lado  oíamos  el  paso  apretado  de  los refugiados. Sin luces era imposible conducir…, y al fin nos detuvimos…  Un grupo de militares se acercó a nosotros. – Los fascistas avanzan deprisa hacia el este -  nos dijeron. La siguiente ciudad era Motril, y ya debía estar en manos enemigas… No había frente. No había resistencia. Toda la región costera estaba cayendo en manos de las tropas extranjeras de Franco…

Resolvimos regresar para dedicarnos a transportar a los más desvalidos… Descargamos el equipo y las existencias de sangre…, para hacer sitio y mandar el material con la primera ambulancia que pasase…, después abrimos las puertas traseras. Se podía ver la excitación en los rostros de  los refugiados. Todos esperaban,  pero sin saber si tendrían posibilidades…
Unidad de transfusiones
 Una multitud de padres y madres se apretó alrededor del coche. Decidimos transportar a  las familias que tuviesen más niños, y a los niños sin padres, que eran incontables. Llevábamos treinta o cuarenta personas en cada viaje.
Así estuvimos cuatro días y cuatro noches yendo y viniendo, trabajando esforzadamente para evacuar a la población que quedaba de toda una ciudad…. Sise estuvo al volante durante cuarenta y ocho horas mientras  yo me quedaba en la carretera preparando el siguiente grupo. Nuestras caras estaban ya partidas por falta de sueño. Perdimos la noción del tiempo.
Vivíamos con el dolor de los que se quedaban atrás… Trabajábamos sabiendo que cada viaje podía ser el último y con el miedo de que los últimos evacuados fueran aniquilados por los fascistas… En cada viaje a Almería Sise se detenía para pedir ayuda de camiones, carros o cualquier otro medio para acelerar la evacuación. En la ciudad no quedaba ya nada que se moviera sobre ruedas… 
En el Hospital del Socorro Rojo de Almería, los refugiados recibían atención médica, alimento y ropa.  Al incansable esfuerzo de Hazen Sise y Thomas Worseley se debe la salvación de muchas vidas. Iban y venían alternando, día y noche, durmiendo a campo abierto entre los turnos, sin más alimento que naranjas y pan.

Durante el día trabajamos entre nubes de polvo, bajo el sol que quemaba la piel, con los ojos enrojecidos y con las tripas haciendo ruido. De noche, el frío era insoportable y deseábamos el calor de nuevo. Un profundo silencio reinaba entre los refugiados. Yacían hambrientos en los campos, atenazados, moviéndose solamente para mordisquear alguna hierba. Sedientos, descansando sobre las rocas o  vagando temblorosos sin rumbo con la mirada vidriada y perdida por la alucinación. Los muertos estaban esparcidos entre los enfermos, con los ojos abiertos al sol.
Los aviones alemanes

Entonces, unos cuantos aviones pasaron sobre nuestras cabezas. Brillantes aviones plateados: bombarderos italianos y Heinkels alemanes. Se lanzaron  hacia la carretera y, como una maniobra de tiro rutinaria, sus ametralladoras trazaban dibujos geométricos entre los refugiados que huían…

De nuevo vi el camión que  volvía. Cargamos a cuantos pudimos. Esta vez subí yo también, llevando a un niño en mis brazos, que gemía y me miraba con ojos febriles. Probablemente meningitis... Yo esperaba llegar a tiempo a Almería. Me quedé dormido… Cuando desperté vi el camión bajando lentamente la cuesta del último kilómetro… Decenas de miles de refugiados surgían de entre las montañas y se extendían como un abanico. Parecía un enorme enjambre sobre las colinas, la carretera, las playas. Algunos caminaban en el agua para llegar antes a la ciudad. A la entrada de la ciudad el camión avanzaba al mismo paso que la multitud apretada, centímetro a centímetro. Pero al fin estábamos en Almería. 

Como si no fuese bastante haber bombardeado y cañoneado a esa procesión de campesinos inermes a lo largo de su caminata interminable, el día 12 de febrero, cuando el pequeño puerto de Almería estaba atestado de gente refugiada, cuando la población se había duplicado, cuando aquellas cincuenta mil personas exangües habían llegado al sitio que creían un abrigo seguro, los aeroplanos fascistas, alemanes  e italianos, desataron sobre la población nutrido bombardeo…  arrojaron diez bombas en el centro mismo de la ciudad, en la calle principal de Almería, donde, amontonados en el pavimento, dormían exhaustos los refugiados.
Cuando se habían alejado los aviones, levanté del suelo los cadáveres de tres niños… La calle parecía un degolladero, con los muertos y los agonizantes, alumbrado por las llamas de los edificios que ardían. En la oscuridad, los quejidos de los niños heridos, los gritos de las madres agonizantes y las maldiciones   de los hombres, se alzaban en un  lamento de masa hasta hacerse intolerable… Aquella noche fueron ametrallados, desde los aeroplanos, cincuenta paisanos, y hubo más de cincuenta heridos… 
Almirante Bastarreche

A la luz de los edificios ardiendo se veían multitudes de gente que surgían de cualquier sitio, corriendo sin saber hacia dónde, escapando de las bombas o pasando bajo paredes que se tambaleaban, cayendo en los  enormes hoyos que las bombas habían hecho en el suelo, agarrándose y gritando mientras desaparecían… No había ruido de bombas en la dirección del puerto. ¡Los bombarderos no estaban interesados por el puerto!
Iban siguiendo presas humanas. Iban tras los cien mil que habían conseguido huir de ellos en Málaga, que habían rehusado vivir bajo los fascistas, y que estaban ahora acorralados aquí y que hacían un blanco perfecto. Durante una semana habían dejado tranquila Almería… Ahora que la dura marcha desde Málaga había terminado, ahora que los refugiados estaban recogidos entre unos cuantos bloques de ciudad, donde el asesinato en masa requería un mínimo de bombas, ahora Franco estaba saciando su sed de venganza. No importaba nada el puerto. Un puerto no puede pensar, ni desafiar al fascismo,  ni sangrar. Sólo la gente tenía cerebro, corazón, valor. ¡Matadlos, mutiladlos, mostradles las garras despiadadas del fascismo!...

De pronto el bombardeo cesó y  el rugido de los aviones se perdió en el cielo. Las llamas iluminaban las caras de los hombres y mujeres paralizados por el horror… El ataque había pasado, pero quedaban los muertos y los moribundos. Até las heridas de la gente con  tiras de tela sacadas de sus propios vestidos. 
En el centro de la ciudad llegué hasta un círculo de mujeres y hombres en silencio. Dentro del círculo había un enorme cráter abierto por una bomba. Dentro del cráter había tuberías retorcidas, ropas rasgadas, una masa aplastada de lo que una vez fueran seres humanos…
¿Qué crimen habían cometido estos hombres de la ciudad para ser asesinados de modo tan sangriento? Su único crimen había sido el de votar por un Gobierno del pueblo; moderado paliativo contra la carga aplastante de siglos de codicia del capitalismo. Alguien pregunta por qué no se quedaron en Málaga a esperar la entrada de los fascistas. Porque bien sabían lo que había de sucederles. Bien sabían lo que habría de ser de sus hombres y de sus mujeres, puesto que ya ha sucedido muchas veces en otras ciudades capturadas por ellos.  Todos los hombres de quince a sesenta años que no pudiesen probar que se les había forzado a apoyar al Gobierno legítimo, serían fusilados sin más trámite…



Bastarreche junto a Franco













sábado, 12 de enero de 2013

PROYECCIÓN DE "ROJOS, 20 HISTORIAS DE REPRESIÓN FRANQUISTA"

Once de enero de 2013: en el salón de actos de la Residencia Universitaria "Alberto Colao", de Cartagena, tuvo lugar el primer acto que en este nuevo año 2013, reanuda las actividades de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena.
Amparo Pérez Cánovas
y Enrique Jesús Nicolás Paredes
Se proyectó el documental titulado: "ROJOS, 20 historias de represión franquista", perteneciente a un proyecto promovido por la Asociación de víctimas del franquismo 17 N. La película, de 80 minutos de duración, está basada en una serie de documentales que, sumando un total de más de 60 horas de grabación, se encuentras agrupados por temáticas concretas, como la de los campos de concentración, puerto de Alicante, exiliados, brigadistas, maestros republicanos, guerrilleros y Miguel Hernández.

Se recogen en este trabajo los testimonios de boca de los propios protagonistas, de sus hijos/as o nietos/as, de estudiosos de la Historia... veintitrés testimonios que despertaron el interés y conmovieron al público asistente a este acto.
Emilio Vilar
Los protagonistas de esta película son  Enrique Cerdán Tato, Francisco Martínez López "Quico", Paco Escudero,  Aitor Larrabide, Helia González Beltrán, Celia Muñoz, Nicanor Rozada, Guillermo Vignote Mingorance, José Antonio Campuzano, Juan Ramos, Esperanza Martínez, Julia Tello "Amaya", Emilio Vilar, José Eduardo Almudéver, Amparo Panabiere, Antonia Villarejo Durán, José Antonio Mateo, Aurora Bernal, Amada Martínez, José Castaño e Inma Costa.


Guillermo Vignote
y el guerrillero Quico
La historia de la represión franquista se reconstruye en esta grabación, con los escenarios donde sucedieron los acontecimientos, gracias a la variedad de testimonios reunidos.
Helia González Beltrán
Tras unas breves palabras del presidente de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, procedió a la presentación del trabajo,  como representante de la "Asociación de víctimas del franquismo, 17N", Amparo Pérez Cánovas.
Aurora Bernal

Después de la proyección del documental, se pidió a aquellos protagonistas que se encontraban presentes, que se sentaran a la mesa e hiciesen una breve exposición sobre sus impresiones.



Guillermo Vignote Mingorance
 Emilio Vilar, Francisco Martínez López "Quico", Guillermo Vignote, Helia González, Aurora Bernal y Antonia Villarejo intervinieron narrando algunos dolorosos episodios de su historia personal, historia de cada cual, que no se puede manifestar como individual, sino que forma parte de nuestra memoria colectiva, de la historia de todos y todas quienes han luchado por la defensa de las libertades, como se puso de manifiesto en el documental que caló hondamente en la conciencia de las personas asistentes, proyecto
Antonia Villarejo Durán
basado en una rigurosa investigación histórica y en la difusión de la historia narrada por sus protagonistas, y por estudiosos como Enrique Cerdán Tato, Dolores Cabra o José Eduardo Almudéver, y que en el caso de Miguel Hernández,  también presente en esta película, ha contado con la figura de Aitor L. Larrabide, (presidente de la fundación que ostenta el nombre del poeta oriolano) cuya colaboración se ha manifestado en la elaboración del calendario carcelario de aquél y en la muestra de la vigencia de su mensaje poético.
Amparo Bernal, Antonia Villarejo
y Aurora Bernal
Antonia Villarejo, Aurora Bernal,
Helia González y Guillermo Vignote


Francisco Martínez López "Quico"
Recomendamos el visionado de este documental, impactante y emocional relato, en el que a través de los testimonios de sus protagonistas se nos narra la historia en paralelo de lo ocurrido a los vencidos de la guerra civil española. 
La represión, el miedo, el dolor, la impotencia... son el común denominador de estos fragmentos de vida... El desconsuelo, la angustia, la congoja, la pena, la muerte o el exilio, el trágico destino que les esperaba.
Asistentes a la proyección
Memorias que dejan aflorar los recuerdos bajo una visión optimista donde se destaca la capacidad de la condición humana para adaptarse a las condiciones más extremas.
Asistentes a la proyección


Amparo Bernal




Este documental es un viaje emocional desde el puerto de Alicante, último reducto republicano, a los campos de concentración, pasando por el monte de la guerrilla, las aulas de maestros republicanos, las cárceles o el exilio forzoso de las manos de sus veinte protagonistas, hombres y mujeres desconocidos, que no salen en los libros de historia, pero que sin lugar a dudas son historia viva de unas vidas entretejidas que resaltan por su dignidad.




Para mayor información sobre este tema, en la web www.ROJOS-20.ES o contactando a través de la dirección rojos20historias@gmail.com





sábado, 15 de diciembre de 2012

LOS SÍMBOLOS FRANQUISTAS SÓLO LOS DEFIENDEN LOS FRANQUISTAS

Un grupo de personas convocadas por la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, concentradas junto a una pancarta en que se pide la desaparición de los nombres y símbolos franquistas de las calles del municipio de Cartagena; algunas de ellas reparten a los transeuntes una cuartilla en la que se explica brevemente quienes fueron, en realidad, las personas cuyos nombres de ensalzan en los rótulos de las placas de las calles.





Hay quien se niega a tomar el papel, quien lo tira sin llegar a leerlo, quien pasa mirando con cara de reprobación a los manifestantes... hay, por el contrario, quien lee la información atentamente, quien pregunta por qué nos manifestamos, quien se une a nosotros para escuchar la lectura del manifiesto...


 - Pero bueno, ¿por qué queréis quitar esos nombres, que están ahí tanto tiempo? - pregunta una señora.
- Porque eran unos asesinos - se les responde - ¿No sabe usted cuántas personas murieron por orden de Bastarreche?.
- Bueno, mejor no hablemos, mejor no hablemos - la mujer se lleva el dedo a los labios mientras que dice esto, se encoge de hombros, da media vuelta y continúa su camino.
    
 ¿Qué ideas estarán rondando por su cabeza? ¿por qué ese "mejor no hablemos"?
 Mientras tanto, una monja mantiene el papel en la mano, mientras esboza una extraña sonrisa. Fija su mirada en la pancarta, y después de un par de minutos, lo guarda en el bolsillo y se va.
Sigue uniéndose gente al grupo; siguen pasando otros con mirada reprobadora ¿Qué dirían si delante de su casa colocaran una placa con el nombre de Pinochet, con el de Hitler, con el de Mussolini...? 

 Pues estos nombres no son de extranjeros, son de españoles. De españoles desleales a un gobierno legítimamente constituido, que se alzaron en armas contra él, que dictaron sentencias de muerte contra quienes lo defendieron con lealtad, que dejaron tras de sí un rastro de sangre, que destruyeron un país que comenzaba a avanzar hacia el progreso, para retrasar en dos siglos su historia.

Entre dos manifestantes se procede a la lectura del manifiesto:
   
 Después de 5 años de promulgarse la Ley de la Memoria Histórica, en el año 2007, en la Ciudad y término Municipal de Cartagena subsiste aún una serie de espacios públicos, como calles, plazas…. que mantienen en sus fachadas nombres o símbolos del pasado franquista, que ensalzan la dictadura…
Según hemos contabilizado hay en nuestro término Municipal 35 calles, 2 bustos, 5 placas y 1 monumento con estas características. La retirada de dichos símbolos se ha convertido en una necesidad moral y un imperativo legal.

En estos símbolos están todavía presentes los nombres de significativos personajes del régimen, que sostuvieron ideológicamente el fascismo, o estuvieron implicados en la sublevación golpista y en los crímenes cometidos, al amparo de la dictadura, contra la población civil, que supuso una feroz represión en Cartagena.

Bustos como los del Almirante Bastarreche, que firmó en nuestra ciudad 48 penas de muerte y que, como comandante del crucero Canarias, ordenó el ametrallamiento de las personas civiles que huían de las tropas nacionales por la carretera de la costa de Málaga a Almería.

O como el del General López Pinto,  golpista que se sublevó en Cádiz. En esa ciudad y pueblos limítrofes conocen muy bien a este asesino, que también lo fue en Santander y Bilbao. El Ayuntamiento de Cartagena aduce, para no quitar su busto, su condición de cartagenero y hermano marrajo.

En Santa Ana los nombres de las calles coinciden con los de los generales Martín Alonso, Millán Astray, Orgaz, Solchaga, Valera, Saliquet, Serrano… en definitiva, todos los golpistas.

En la Aljorra, todavía existe una calle dedicada a José Antonio Primo de Rivera, y otra al falangista Francisco Bernal, amén del monumento dedicado a los caídos: El Yugo y las Flechas, símbolo que hace suyo la Falange, los nazis españoles, los camisas azules, la mano negra del régimen… aquellos que llevaron a la práctica la frase de su fundador “No hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas”.

Entre el 29 de abril de 1939 y el 13 de enero de 1945, fueron pasados por las armas en Cartagena 176 compañeros/as, cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 82 años del compañero, Ceferino Ferrol.

En muchos casos los fusilados eran verdaderos cadáveres andantes, a los que incluso había que sentar en una silla para su ejecución, debido a las pésimas condiciones de vida y las torturas que habían sufrido en las cárceles de Cartagena.

Cientos de compañeras fueron vejadas (corte de pelo, paseo en cueros por la ciudad, aceite de ricino…) y/o violadas.

Muchos niños fueron secuestrados y entregados a otras familias.

Según los últimos estudios, realizados por las asociaciones de la Memoria Histórica, el 98% de estos hechos, fueron llevados a cabo por miembros de la Falange, cuyos símbolos fueron lo último que vieron muchos de los ejecutados.

Los símbolos franquistas son mucho más que símbolo del pasado, son también signos del presente, como viva representación de la permanencia en nuestro país de ideas trasnochadas, heredadas por organizaciones y partidos políticos presentes en el parlamento y en la vida pública española, justificadores y defensores de los símbolos de un régimen criminal. LOS SÍMBOLOS FRANQUISTAS SOLO SON DEFENDIDOS POR LOS FRANQUISTAS.

Ningún país con honor mantiene los símbolos de sus dictadores y asesinos una vez que el Tiempo y la Historia han colocado las cosas en su sitio.

Los demócratas cartageneros, independientemente de su ideología, deben comportarse como ciudadanos europeos, haciendo lo que los habitantes de los demás países han hecho, eliminar de la vía pública cualquier vestigio que honre la etapa más vergonzosa de nuestro pasado.

Por todo ello proponemos al Ayuntamiento que se inicie el procedimiento para la eliminación total de la simbología que ensalza la dictadura, aún existente en el municipio de Cartagena. Que se constituya una comisión formada por todos los grupos municipales, para que en el plazo de 2 meses se elabore una propuesta, para revocar menciones, distinciones, medallas y otros méritos así como la retirada inmediata de monumentos, placas y bustos, de las calles y plazas de nuestro municipio, y elabore una lista alternativa de los nuevos nombres.

Tenemos muy claro que no vamos a dejar de movilizarnos una y otra vez, hasta que consigamos sensibilizar a quienes pueden y deben tomar dichas decisiones.

Antes de disolvernos, doblamos la pancarta con cuidado. Esperamos que no sea necesario tener que volver muchas veces a utilizarla ¿Será atendida nuestra reivindicación? ¿Cuándo llegará el momento en que se cumpla la ley?


miércoles, 12 de diciembre de 2012

JESÚS DE COS HA MUERTO


Ha fallecido Jesús de Cos Borbolla, guerrillero antifranquista, comunista, humanista, ecologista, y por encima de todo, inquebrantable luchador por la causa de la Libertad.

Jesús de Cos Borbolla, Comandante “Pablo”, nació en 1924 en Riclones, en la comarca del Saja-Nansa. Toda su familia fue represaliada duramente por el fascismo tras la ocupación militar de Cantabria en 1937. Su padre, Teniente de Alcalde en Rionansa, fue asesinado en un campo de exterminio nazi en 1941 y él desde los 15 años hizo labores de enlace para la guerrilla antifranquista cántabra que combatía en nuestros montes, además de coorganizar el ‘Socorro Rojo’ en los Saltos del Nansa. Tras recibir salvajes torturas por parte de los oficiales militares del cuartel de El Ferrol, se incorporó a la Brigada Machado de la guerrilla, donde permanecería hasta 1947 en que pasó a Francia herido. Participó en diversos movimientos antifascistas y republicanos en el exilio, pasando la frontera con propaganda más de un centenar de veces, hasta que en 1986 se instaló de nuevo en Cantabria, ya definitivamente, donde ha llevado a cabo una gran labor en la recuperación de la Memoria Histórica.

“Aconsejaría humildemente a los jóvenes que mantengan viva la memoria de quienes lucharon por el bien común de todos nosotros”, solía decir.

Desde aquí, las condolencias a los familiares y amigos de este gran republicano de espíritu entusiasta que nunca perdió su esperanza del retorno de la República Española.




Concentración contra los símbolos franquistas


La Asociación Memoria Histórica de Cartagena convoca para el día 14 de diciembre, a las siete de la tarde, una concentración por la retirada de los nombres y símbolos franquistas de las calles del municipio de Cartagena.
Tendrá lugar en la Plaza del Icue.



   
El Almirante Bastarreche firmó en nuestra ciudad 48 penas de muerte. Como comandante del crucero Canarias ordenó el ametrallamiento de los civiles que huían de las tropas nacionales, por la carretera de la costa, de Málaga a Almería.
Hoy, su busto ocupa un lugar en nuestra ciudad, en la plaza que ostenta su nombre.

El General López Pinto también cuenta con una plaza y un busto a él dedicados. Fue un militar golpista, que se sublevó en Cádiz, haciendo cundir el terror en esa ciudad y los pueblos limítrofes. Sus acciones asesinas fueron conocidas, no sólo allí, sino también en Santander y Bilbao.

El Monumento dedicado a los caídos: el  Yugo y las Flechas, símbolo de la Falange (la mano negra del régimen franquista) aparece en un lugar preferente en la plaza de la Iglesia de La Aljorra, donde todavía existe una calle dedicada al falangista Francisco Bernal y otra a José Antonio Primo de Rivera, defensor de la “dialéctica de los puños y de las pistolas”.

Asimismo, la localidad de Santa Ana, cuenta con muchísimas calles dedicadas a los generales golpistas: Martín Alonso, Millán Astray, Orgaz, Solchaga, Valera, Saliquet, Serrano…

Mientras los nombres de los asesinos y los golpistas son honrados en nuestras calles y plazas, nadie recuerda que entre el 29 de abril de 1939 y el 13 de enero de 1945 fueron pasados por las armas en Cartagena 176 personas, cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 82 años, que cientos de compañeras fueron vejadas (corte de pelo, paseo desnudas por la ciudad, aceite de ricino…) y/o violadas, muchos niños fueron secuestrados y entregados a otras familias… El 98% de los paseos, violaciones y secuestros se llevaron a cabo por falangistas.

Los símbolos franquistas son mucho más que símbolo del pasado, son también signos del presente, como viva representación de la permanencia en nuestro país de ideas trasnochadas, heredadas por organizaciones y partidos políticos presentes en el parlamento y en la vida pública española, justificadores y defensores de los símbolos de un régimen criminal. LOS SÍMBOLOS FRANQUISTAS SOLO SON DEFENDIDOS POR LOS FRANQUISTAS.

Para todos los demócratas cartageneros, independientemente de su ideología, es una vergüenza pasear por nuestras plazas y calles entre bustos y placas con nombres de asesinos, que nos recuerdan la etapa más negra de esta Ciudad.

Por ello proponemos al Ayuntamiento que se inicie el procedimiento para la eliminación total de la simbología que ensalza la dictadura, aún existente en Cartagena y su Municipio. Que se constituya una comisión formada por todos los grupos municipales, para que en el plazo de 2 meses elabore una propuesta para revocar menciones, distinciones, medallas y otros méritos, así como la retirada inmediata de monumentos, placas y bustos de las calles y plazas de nuestro municipio, y elabore una lista alternativa de los nuevos nombres

En la Asociación tenemos muy claro que no vamos a dejar de movilizarnos una y otra vez, hasta que consigamos sensibilizar a quienes pueden y deben tomar dichas decisiones.



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domingo, 2 de diciembre de 2012

FINALIZARON LAS IV JORNADAS

La última conferencia de las IV Jornadas por la Memoria Histórica en Cartagena, tuvo lugar el viernes, 23 de noviembre. 

Sergio Martínez Soto disertó sobre la primera restauración borbónica en una brillante conferencia que concluyó con un participadísimo debate en torno a la poco conocida etapa de la historia española correspondiente al reinado de Alfonso XII.

El acto de cierre de estas jornadas correspondió al videoforum sobre la película "La maleta mexicana", el viernes, día 30 de noviembre.


    Este documental de Trisha Ziff, sobre la labor de los fotógrafos Robert Capa, David Seymour ("Chim") y Gerda Taro fue presentado por Josefina Pérez García.



Con esta actividad se da fin a las IV Jornadas, pero la actividad de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena no ha concluido por este año.
Nos quedan nuevas actividades, y la próxima de ellas tendrá lugar el día 14 de diciembre.
La Asociación MHC convoca a una concentración por la retirada de los símbolos franquistas del municipio de Cartagena.
Tendrá lugar a las 19,00 horas, en la Plaza del Icue.