sábado, 12 de febrero de 2011

Nuevas declaraciones sobre el 18 de julio

En la Página "Los sucesos del Lepanto II", pudimos leer la semana pasada las declaraciones del Cabo Electricista Alfredo Lorenzo Malde.
A estas declaraciones se suman ahora las del Cabo de Fogoneros Juan García Tomás, el también cabo de fogoneros Pedro Camacho Adán y las de Antonio Muiños Rico. Con ellas podemos claramente reconstruir la actitud de fidelidad hacia el Gobierno por parte de la inmensa mayoría de la tripulación.
Pero no fue por este único hecho por el que se abre la causa nº 402/39. La gran importancia de los hechos de los días 19 y 20 podremos consultarlos, más adelante, en una nueva página

martes, 1 de febrero de 2011

EL CAMINO DE LA INVESTIGACIÓN IV


Encontrar un familiar de Camilo Campillo resultó relativamente fácil, si lo comparamos con el caso de Pedro Cerezuela.
Mi tío Antonio me comentó que, cuando fue condenado a muerte, su padre se presentó en casa de mis abuelos y estuvo llorando.
El día del juicio comparecieron Camilo y Pedro, pero mi abuelo, cuya muerte seguían negando las autoridades, aun después de encontrado el cadáver, fue declarado en rebeldía.
Florencio Cerezuela, creyendo que mi abuelo se había fugado del penal, fue a preguntarle a mi abuela qué había hecho para conseguir la fuga de su marido, si había hablado con alguien influyente, si habían sobornado a algún guardián… quería saber lo que había hecho la familia para conseguir que escapara, e intentar él lo mismo. Cuando le dijeron la verdad de lo ocurrido, que Enrique Martínez no se había fugado, que había sido asesinado y aparecido su cadáver tres días después, se derrumbó por completo. Perdió toda esperanza.
Me dijo mi tío que era de Los Dolores, por lo que pregunté a un amigo, Pedro Escudero, que era de dicho barrio y conocía muy bien a muchísimos de los habitantes, por si podía darme alguna pista.
-         Era de la familia de los Candelarios – me dijo – y creo que un hermano suyo vivía por la Calle Nueva.
Efectivamente, su hermano, fallecido hacía  unos doce años, había vivido en esa calle, y allí continuó su viuda hasta la muerte de su único hijo. Después, según me dijeron las vecinas, marchó a casa de su nuera, y posteriormente a un pueblo de Valencia, a vivir con la nieta, que era dentista. Nadie sabía más de ella, aunque me encaminaron hacia una residencia de la Tercera Edad, donde había una cuñada suya. Desgraciadamente, no me sirvió de mucho, pues la anciana se encontraba muy deteriorada psíquicamente, y no me pudo informar de nada.

Desechada la idea de obtener información a través de los familiares de Pedro Cerezuela, me centré a partir de ese momento en la investigación documental, sin imaginarme que, año y medio más tarde, se darían las condiciones para volver a encontrar una pista de esas personas.

Alguien le habló de mí a Ángel Valverde, un vecino de Los Dolores que estaba escribiendo la historia reciente del barrio, y acudió a buscarme en demanda de información sobre la creación del Ateneo de Cultura Popular y sobre los primeros años de funcionamiento del Colegio Vicente Medina. Después de hablar con él acerca de esos temas, se me ocurrió que quizás, puesto que ese hombre había hablado con tanta gente del barrio, buscando datos para su libro, quizás conociera a alguien de la familia que yo andaba buscando; le planteé mi problema, y cuando marchó de casa, diciéndome que intentaría averiguar algo, no podía imaginarme que, tan sólo hora y media más tarde, iba a recibir su llamada.
Cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí que un maestro del que fui compañera en mis primeros años de docencia, Don Francisco, estaba casado con una hermana de Pedro Cerezuela. Tanto él como su esposa habían fallecido hacía bastantes años, pero, aunque hubiera pasado mucho tiempo desde entonces, tuve en su momento bastante contacto con Florita, su hija, porque la nieta de don Francisco había sido alumna del colegio. Florita, que casualmente era cuñada de un íntimo amigo de mi hermana.

Me puse en contacto con ella rápidamente, y enseguida me remitió a la viuda de su primo Florencio. Florencio, que se llamaba igual que su abuelo, fue el hijo de Pedro Cerezuela, y gracias a Florita pude entrar en contacto con la nuera, Magdalena, una mujer muy simpática, que había oído muchas cosas en referencia al fusilamiento de su suegro, pues hasta la muerte de su suegra había vivido con ella.

Magdalena sabía muy poco sobre las acusaciones de las que fue objeto Pedro Cerezuela Navarro; sólo lo que su suegra le había contado: que lo acusaron de haber visto que fusilaban a alguien. Sabía que estando el Lepanto atracado en Málaga, Pedro y mi abuelo bajaron a tierra con la intención de comprar juguetes para llevar a sus hijos, y que vieron pasar un coche con gente que llevaban para fuera de la ciudad y que, cuando los milicianos les dijeron de subir, se negaron a hacerlo, porque se imaginaron que a los que iban dentro los llevaban para fusilarlos. Sabía que el padre se sintió incapaz de asistir a la ejecución, mandando a un hermano suyo en su puesto, y que cuando le fueron a vendar los ojos, se negó a que lo hicieran. Sabía mucho más sobre mi abuelo que sobre su suegro, porque su madre, casualmente vecina de mi abuela durante muchos años, le contó toda la historia al enterarse que el padre de su futuro yerno había sido detenido junto a su vecino. Y sabía mucho acerca de la gran amistad que su suegro y mi abuelo habían mantenido, a pesar de la diferencia de edad que entre ambos existía. Me prometió buscar una foto que recordaba, en la que ambos aparecían juntos, y me agradeció enormemente los datos que sobre la estancia en prisión de su suegro le pude facilitar.

Tenía razón el sobrino de Camilo Campillo, al animarme a continuar mi investigación, citando un refrán muy conocido en Francia: “Poquito a poco hace el pájaro su nido”

miércoles, 26 de enero de 2011

La página dedicada a Enrique Martínez Godínez continúa con nuevos datos: circunstancias de su entrada y estancia en prisión

domingo, 23 de enero de 2011

LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN CARTAGENA

El viernes, 21 de enero de 2011, la Asociación Memoria Histórica de Cartagena presentó en el salón de actos de la UNED la reedición del libro "La Represión Franquista en Cartagena (1939 - 1945)", la más emblemática entre las obras de Pedro Mª Egea Bruno, y cuya primera edición, en 1987, se agotó con enorme rapidez. Las personas a quienes les interese algún ejmplar de este libro pueden ponerse en contacto con la Asociación enviando un correo electrónico a la dirección memoriahistoricacartagena@hotmail.com o llamando en horario de tarde al teléfono 689032000
http://mhcartagena.wordpress.com/

miércoles, 19 de enero de 2011

En la página titulada "Los sucesos del Lepanto" se completa la información de la semana anterior, con el desenlace de la narración sobre el auxiliar de oficinas y el barbero del barco, los tripulantes que terminaron convertidos en agentes del S.I.P.

sábado, 15 de enero de 2011

El Camino de la Investigación III

Entre las primeras entradas de este blog, se encuentran aquéllas en las que comencé a describir el difícil camino por el que tuve que discurrir en la búsqueda de las circunstancias que rodearon la muerte de mi abuelo.
Tal y como me había dicho el funcionario del Archivo Naval de Cartagena, allí no se encontraba la causa que se abrió contra él, pero sí que consulté su expediente de prisión, donde se hallaba la orden de procesamiento, y no iba dirigida sólo contra él; el juez José Mª Mena había dictado “auto de procesamiento por supuesto delito de rebelión y maltrato de obra a superior contra el Auxiliar 1º de Sanidad Don Enrique Martínez Godínez, el Auxiliar del C.A.S.T.A. Don Pedro Cerezuela Navarro y el Cabo Artillero Camilo Campillo, los cuales debían quedar en situación de Prisión Preventiva”. La causa, sin embargo, no aparecía.
Delito de rebelión… claro, ésa era, genéricamente, la acusación que se dirigía contra todo el mundo, rebelión, ayuda a la rebelión… pero la segunda, maltrato de obra a superior… ¿qué significaba, exactamente, esa acusación? Lo mismo podía referirse a un empujón o una bofetada, que a una insubordinación, o incluso a haber detenido o matado a un oficial…. ¿De qué lo habían acusado?

Si pudiese encontrar algún dato de alguno de los otros dos procesados, quizás supiesen, exactamente, por qué lo habían sido… Según sus expedientes, fueron ejecutados el 14 de febrero del 40, y por mi familia sabía que Pedro Cerezuela había vivido en Los Dolores, pero sus familiares más allegados habían desaparecido del barrio hacía años.
Envié una serie de correos electrónicos mandados a diferentes amigos, acompañados de una carta que pedía difundiesen, enviándola a sus contactos o publicándolas, en su caso, en su blog.
Casi un mes más tarde recibí un correo electrónico del sobrino de Camilo Campillo, en que me contaba que era natural de Murcia aunque vivía en Madrid desde hacía muchos años, que la práctica totalidad de los coetáneos de su tío habían desaparecido, pero que quizás él pudiera facilitarme alguna información que me ayudara en mi tarea de búsqueda, y que para ello era fundamental conocer qué datos necesitaba.

Le hablé sobre la desaparición de la causa, explicándole que había llegado a mi conocimiento que la orden de procesamiento había sido dictada, contra tres personas, y que aunque mi abuelo había muerto antes de llegar al juicio, si los otros dos procesados habían sido fusilados era porque sí que habían llegado a ser juzgados, por lo que le pedía los datos que me pudiese aportar sobre los conocimientos que tuviese su familia acerca del consejo de guerra, y cualquier dato que conociera – nombres, fechas, lugares – que pudieran haber utilizado contra ellos en el juicio. También le pedí que me dijese si conocía algo acerca de la detención y estancia en prisión, quien detuvo a su tío, con quién se encontraba en la celda, alguna carta que les hiciera llegar a los familiares, noticias del periódico, etc. Pero sobre todo, le hice hincapié en lo importante que era para mí conocer si habían servido juntos en el mismo barco en el momento del golpe de Estado, pues yo sabía que mi abuelo, el 18 de julio, prestaba servicio en el Lepanto, y si había alguna cuestión que supiera respecto a ese momento, o si hubo posibilidad de que posteriormente hubiesen coincidido en otro destino, o si tenían en su familia algún dato sobre qué personas pudieran haber actuado como testigos de la acusación, delatores, etc.

Poco sabía acerca del tema. En su familia siempre se había pensado que la detención de su tío había obedecido a su pertenencia al Lepanto, por el papel que este buque jugó en el hundimiento del Baleares, que Camilo, habiendo tenido la oportunidad de marchar a Francia, la desestimó en el último momento por no dejar a su mujer y su hija, y por el convencimiento de que nada le iba a pasar porque no había cometido delito de sangre, y que fue detenido, sometido a juicio sumarísimo, condenado a muerte y fusilado. Nada más me podía decir.

La interpretación de que la detención se debió a la participación del buque en el combate en que se hundió el Baleares, no me servía, puesto que en esas fechas mi abuelo se encontraba desembarcado, destinado en el Hospital Militar.
Había que seguir buscando por otro lado, y durante diez meses anduve entre legajos tratando de buscar alguna pista que me llevara al esclarecimiento de la verdad. Poco a poco fui consultando los expedientes de quienes habían sido sus compañeros de prisión, con la esperanza de encontrar allí algún dato que me ayudara a reconstruir el rompecabezas. Meses y meses de trabajo lento y descorazonador, hasta llegar al día en que por fin pude acceder a los primeros datos que realmente podía considerar útiles para el fin que perseguía. Pero hasta llegar a ese 18 de diciembre de 2009, fecha en que por fin pude salir satisfecha del Archivo, había de pasar mucho tiempo, había de recorrer innumerables pistas fallidas…
               

sábado, 1 de enero de 2011

A quien posea información

Como ayuda para el trabajo de investigación que estoy realizando en torno a las circunstancias que rodearon la prisión y muerte de mi abuelo, Enrique Martínez Godínez,  en el penal naval de Cartagena el 25 de mayo de 1939, necesito contactar con descendientes o personas próximas a algunos compañeros que se encontraban embarcados con él en el destructor “Lepanto” durante los primeros meses de la guerra civil, y con los que tenía más relación.
Una de las personas sobre quienes necesito tener información es MANUEL HERNÁNDEZ BRU, que se hallaba destinado el 18 de julio de 1936 en el Lepanto, como Auxiliar 2º de Máquinas.

Al final de la guerra marchó a Bizerta con la flota republicana, quedándose en el barco, a su cuidado, hasta su entrega a las autoridades franquistas. Los informes del S. I. P. de fecha 18 de noviembre de 1940 hacen constar su extrañeza porque no quiso regresar a España, sino que marchó al campo de concentración de Maguazi, encontrándose en la fecha citada en Túnez, trabajando para una empresa francesa de obras públicas. Según este mismo informe, parecía ser que se encontraba por aquel entonces con intención de volver a España.
JOSEFA MARTÍNEZ LÓPEZ

Agradecería cualquier información al respecto. Para ello pueden dirigirse a la Asociación Memoria Histórica de Cartagena:
memoriahistoricacartagena@hotmail.com